Te veo pasar
Si al menos pudiera rozarte la boca...
Miro tu boca.
El cierre perfecto a un cuerpo
que puede hacerme morder la tierra
o tocar el cielo con las manos.
Y tú no te das cuenta,
pero a veces el aire
pasa rozando tu pelo y lo alborota.
Y yo, miro eso,
y miro cómo el pecho se te mueve
bajo la camiseta cuando respiras.
Y otras veces, querría formar parte
del aire que expulsas en una carcajada
o sal de una lágrima que se te escapa.
Y tú casi nunca te das cuenta.
...que no puede hacerse una idea (es evidente) de cómo echo de menos sus ronroneos en estas montañas... Ahí va, a través del maestro:
No obedecen al amo
los gatos
pero saben
que los dioses son ángeles
caídos.
No babean por huesos
los gatos
pero suelen
abrigarle el silencio
a las viudas
y estirarse en la alfombra
y bostezar
como si hubieran heredado
el sol
y dormir y dormir
arzobispales
y cazar una mosca
haciendo ochos.
Adoran los cojines
los gatos,
se ovillan en rincones
inauditos,
alacenas, rendijas,
claroscuros
ignotos donde cabe
un alfiler,
recelosos y altivos
sin carné,
baberos de bebés
sin cochecito,
cunitas para huérfanos
de todo.
Secretos micifuces
imprevistos,
qué goce contemplaros
a la hora de la siesta,
suspendiendo las mates
y aprendiendo
la impúdica lección
de la vida privada
de los gatos.
-Africa, entre la tierra y el cielo,
a tan solo horas de avion de un mundo mejor.
-Noches de oscuro silencio, la sabana, las montañas,
la injera, las tribus, la generosidad desbordada.
-Horas de buses atestados, acunados por mil baches,
los olores, las charlas, las miradas imborrables.
-Niños de manos sucias q no manchan,
sino q limpian con su afecto nuestras almas.
-El primer mundo, NO sonrie como el tercero,
santo milagro q la felicidad no se columpie con el dinero.
-Princesa de la pobreza, de harapos y sin zapatos,
su pureza luce mas q todo el oro del dorado.
-El horizonte respira el verde de la esperanza,
niños de la calle, madres del olvido, casas de hojalata.
-Volver a ser niño, con niños q son mayores,
adolescentes envejecidas de tristes corazones.
-Mi suerte de haber conocido esta tierra y sus gentes
mi pena de verlos mentidos en la ruleta de la muerte.
-las sensaciones, las eternas ganas de volver en otro momento,
la emocion de sentirse un farangi bienvenido por ellos.
-Q nos pasa por la cabeza en esta maldita esfera,
q abandonamos a Africa en una lista de espera.
Como otros tantos, hoy no es mi día.
Como tantas noches me escondería,
por no saber si te hago falta,
por no escuchar tus tonterías.
Porque no echas de menos
los abrazos que crujían mis costillas,
porque no te acuerdas
de tu preferencia
por la comisura izquierda de mi boca,
porque no me cogiste del brazo
y condenas tu vida a la sombra,
porque mis portazos,
ahora sé que te saben a gloria
por tu puta manía
de desviar el tema,
Porque si te tuviera delante,
no sé si a polvos,
pero te mataría.
La loca de la colina
Si alguna vez no hubieses existido,
si el calor de tus muslos no me hubiese
buscado como un látigo preciso
y mis ambigüedades electivas
-los días más oscuros de mí mismo-
no te hubiesen tenido como saldo
de afirmación o excusa,
es posible
que este volver a casa en soledad
y demasiado pronto,
me recordase ahora un poco menos
al joven que apostaba por el mundo,
con el mundo a su espalda.
Sólo el amor es duro.
Metidos en la noche, regresando
entre la potestad y la mentira,
hablamos del poder o de los sueños
al hablar del abrazo.
Y no lo sé tal vez, no sé si me recuerdo
prisionero de un cuerpo o libre junto a él,
buscando salvación o en servidumbre,
miserable y maldito, pero atónito.
Quizás sólo se trata de que no estás aquí,
de que perder es duro para todos
y el amor me hace falta, como sabes.
Quizás contigo estuve
tan demasiado cerca de tu reino,
que necesito ahora desmentirte,
utilizar los trucos que uno tiene
para poder seguir.
Porque somos así seguramente,
huellas equivocadas,
solitarias hogueras de un camino,
paraísos de cuatro habitaciones
que sólo se comprenden
después de haber firmado muchas veces,
precisamente ahí,
donde pone El viajero.
Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,
quiero que me recuerdes derrotado,
como quien algo espera
más allá de los tiempos y los hechos.
Quizás porque haga falta haberlo presagiado
o porque, en todo caso, nadie sabe
dónde acaban los sueños.
Luis García montero
Las ganas de salir corriendo,
de sentir el aire en mi cara,
de beber cerveza hasta entrar
en una especie de coma sin demasiado sentido
ni sentir.
Las ganas de romper
las copas de champán.
Unas ganas infinitas
como de matar.
Todo para no verme
otra vez frente a ti,
la conocida sensación
del ya frecuente sonido
de un pajarillo chocando
contra la luna de los coches.
Todo por no sentir
tu mirada fría, frente a mi
trepanando y traspasando
hasta las últimas paredes
de mi craneo.
Y sí mucho frío, muchas risas, carreteras y caminos imposibles cuyo único destino parecía el fin del mundo.
Caminos de barro en primera y segunda.
Confesiones, paisajes de cuento, elección de escenarios entre risas para rodar escenas de elfos, hadas y gnomos.
Prisa por sumergirnos en aguas calientes mientras llovía a cántaros.
Cafés, carretera y cafés.
Thelma y Lousie en busca de autoestopistas.
Gorras, ropas y bikinis.
Bocadillos de jamón y desayunos con salmón.
El frío en la cara.
Inolvidable, mágica, salvaje y solitaria.
Bellísima Islandia
-Hay que tener mucho cuidado ahora. No os beséis ni os déis la mano con nadie.
-Aahh! pues porque con esto de la gripe APIAC no se sabe qué va a pasar...!
-Ay no, que esa es ¡la de las aves!
Conclusión: seguir los consejos médicos será lo más aconsejable.
Sería el titular que mi padre escribiría en un periódico o pondría a alguna canción tipo Melendi...
"¡llevamos 42 horas que no sabemos nada de Laura!", ya sabéis los que lo conocéis.
Ante su inquietud, ha empezado a barajar la posibilidad de un secuestro islandés! Alucinante!
...¿¿¿???...
Hablé el domingo con ella.
Entusiasmada y alegre, por el país de contrastes que estaba viendo.
Ella os contará a la vuelta.
Desde que leí a Juan Marsé, no paro de mirar las corvas de las mujeres.
Él descrbía como eran las de Teresa, de "Últimas tardes con Teresa".
Realmente, no sé donde nace su erotismo.
Supongo que es el hecho de que sea algo escondido, redondeado, y aunque parecido, siempre diferente de unas mujeres a otras.
Desde entonces, he visto corvas verdaderamente bonitas.
No sé cómo son las mías, porque no suelo alcanzar a verlas.
Creo que rectas y algo curvadas hacia afuera.
No sé si las mías son bonitas.
Vaya divagación.
Tras mi apariencia flacucha, me siento fuerte.
Siento mis brazos de acero, como si ocuparan dos veces más espacio del que en realidad ocupan.
Me siento como si hubiese metido en la carcel a un hijo puta indeseable y hubiese cerrado la puerta con dos vueltas de llave.
Y si eso fuese verdad, si hubiese realmente metido a alguien en la carcel, ¿no puedo yo salir de esta prisión que, comparando, es como una burbuja de agua y jabón?
Sí puedo. Mira. Ya sólo queda el brillo del jabón cayendo lentamente sobre el suelo.
No envidio a la zorra que últimamente, cada noche, abre las piernas para ti.
La compadezco. No sabe que das tu amor por cuentagotas, y después sacas hasta la última energía con jeringuilla. Sin dejar ni rastro.
Y tú, orgulloso, sudoroso, lo ves como un triunfo. Inyectas la dosis de tus miedos, contagiando a un 30 por ciento de la población femenina de tu pandemia de miedos.
Suerte que yo he encontrado la vacuna.
Me levanto, entre cuerpos moribundos por los que no puedo hacer nada.
Los aparto.
Empiezo a andar.
Ahora que te tengo delante
me doy cuenta de que no tenía ganas de ti.
Tenía ganas del recuerdo que tenía de ti.
No del dolor,
ni de estas cicatrices que se abren
milagrosamente rojas.
¿Quién va a querer un puñal ensangrentado?
Me había acostumbrado
a mi,
a vivir sin ti,
a vivir por mi.
Y me había olvidado
de tu cantinela
retumbando mi cabeza
de tus excusas,
de tu mirada
de politico corrupto (obvio).
Y ahora vuelves
desandando los pasos
de una nueva falda
de muslos varicosos
cerrando los ojos
y los oidos
para no ver tu imagen
en el reflejo de mis pupilas;
para no oir mis cuerdas vocales afónicas
de los gritos que resuenan
desde el más olvidado rincón
de mi sucio corazón.
Valeria llegó con su mochila. Tenía una belleza rara. Era alta y desgarbada. Sus ojos podían hablar de todas las risas y de todo el miedo del mundo. Él le preguntó qué llevaba dentro.
- Algo de ropa y sueños rotos.
Sin decir nada, él la cogió y la tiró con fuerza. Los dos, sin hablar, la vieron caer por el precipicio.
Se sentaron en la tapia pedregosa y semiderruida que un rato después serviría de hermoso e improvisado lecho nupcial.
Era fácil estar con él. Resultaba fácil besarle. Al acercarse, enseguida encontraba su boca sonriente o anhelante. Sólo, en alguna ocasión, se enganchaban los aros que los dos lucían en la nariz. También era fácil permanecer en el aire, sólo levantada por sus brazos.
Sus explicaciones eran incoherentes con sus manos volando bajo la camiseta de Valeria.
Se esforzaba por parecer tranquilo, por razonar los motivos de las llamadas y de la huida en la noche, pero los besos tras la oreja y los mordisquitos en el cuello, los dulces empujones de su cadera, no hablaban el mismo idioma que intentaba que saliera por su boca.
Valeria perdió el miedo a la vez que la mochila. Ya debían ir río abajo, entre ramas y chocando contra las piedras. Hasta el mar. En eso pensaba Valeria, ausente ante los razonamientos de su compañero. En que tal vez algún bañista se encuentre sus miedos y su mochila en una playa de Salou.
Él también se dio cuenta de la incoherencia de sus palabras. Ya no hacían falta, porque nunca habían servido para nada. Ya sólo estaban ellos. Ya no había mochila invisible de explicaciones. Ellos, y la tapia de piedras rotas. Ellos, y el trigo enredado en su pelo. Ellos, y las voces lejanas de fiesta y despedidas.
Ellos y los besos desgarradores en el amanecer.
L.
Ahora que puedo
mirar al espejo de frente,
que las miradas no queman
ni la ausencia me enloquece.
Y los días ya no son disparos,
ni siquiera cicatrices.
Sólo un suave buceo
entre el agua de cristal
y por fin el azul del cielo.
Ahora que soy dueña
de mis caderas
y mis pies me llevan
adonde yo quiera
Ahora que la tregua
parece indefinida.
Ahora que me encomiendo
a la imagen de mi misma.
Sentimientos y vivencias.
Al otro lado del mundo
Memorias de una cabra
telarañas en la pluma
asociacion literaria
Aragon literario
El primi y su proyecto
ZarAGOTA
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