...tarareando
"Dejame una copia
de la llave de tu puerta
porque sé que es muy posible
que mañana me arrepienta.
Hoy me dio por ser honesto,
aunque sé que no me pega"...
"Dejame una copia
de la llave de tu puerta
porque sé que es muy posible
que mañana me arrepienta.
Hoy me dio por ser honesto,
aunque sé que no me pega"...
No escucho tu voz
susurrándome al oido
ni tus uñas desgarran
ya la curva de mi espalda.
Retrocedes con miedo
ante cada uno de mis pasos
bailando los dos entre sombras
este extraño tango,
y vuelvo a ser
la flaca figura que camina cabizbaja,
la de los rizos y ojeras,
la de las piernas largas,
la musa de los camareros,
la que cierra los bares,
la que se ríe sin más,
y fuma más que nadie,
la que sortea las flechas
que lanzan en la calle,
la que llega a casa
vencida, vacía,
y espera entre lágrimas
que al menos, la mañana la rescate.
Notas que ando dispersa,
que tal vez no soy la que era,
que no corro ante tus llamadas o exigencias,
que se abren horizontes ante mí...
Pero también debes saber
la pereza que me da este invierno sin ti;
que me miras con ojos cansados,
buscando una explicación,
y una oleada de ternura me recorre;
que en tardes como ésta,
echo de menos el simple gesto con que a veces
me retiras un mechón de pelo de la cara,
o juegas con los dedos de mis pies.
Que estos días sin ti,
son como una habitación sin ventanas.
Que esta tarde,
te echo de menos como hacía tiempo.
Me he dado cuenta de que cuando siento placer encojo los dedos de los pies.
Ya puede ser en la cama, al oir una buena canción en un bar, o al tomar un café entre risas.
Cuando me doy cuenta vuelvo a soltarlos
Ayer se me encogieron un montón de veces.
Una ciudad diferente.
De compañía, un café entre mis manos, códigos extraños que descifrar y mi añorada soledad.
Pienso en tu día a día, pero sin mi.
Imagino sonriendo esa cuadrícula en la que a veces tengo cabida entre lineas.
Paso de puntillas por la necesidad de refugiarme entre tus brazos.
La miro desde lejos y me soprende controlarla.
Algo ha cambiado.
No pienso en volar hacia tus labios.
Pienso en cómo deshacerme de ellos.
Tenía ganas de abrazarla.
No sé. Sentir la leve presión de su pecho sobre el mío.
Notar la forma de sus costillas
Y el hueso de su cadera acoplado por unos momentos al mío.
Después,
me separaría con cualquier excusa
Hablaría de cine o de literatura.
Cualquier tema con tal de disimular mi "alegría".
Que no se diera cuenta de que la necesito.
Observo el incisivo
que asoma en tu sonrisa.
esa sonrisa desigual, despreocupada
que rozaría ahora mismocon mi lengua
y muestras con los demás.
Conmigo no.
Si en algún momento te acercas,
un velo de indiferencia
te acecha los ojos.
Con cada mirada,
intentas tachar
cada una de las palabras
escritas y dichas entre risas
de un tiempo atrás.
Cuando aún éramos "jóvenes e inconscientes"....
Cierro los ojos.
Intento viajar a ese lugar oscuro de mi conciencia
en el que otras veces me sumerjo de forma espontánea y deliciosa.
Casi no lo recuerdo.
Mi oscuridad se viste de notas, folios, letras, números...
Intento moverme entre vueltas sudorosas, maldiciendo
mi extraña sensibilidad,
echando de menos las noches, ya lejanas,
en las que llegaba el sueño como un baño entre aguas turquesas,
hace ya muchos años....
Entro en tu casa, a oscuras.
No sé bien si es un sueño
o una pesadilla.
Me recibe tu olor
esparcido por todas las cosas,
como el humo de un cigarro,
flotando en el aire.
Es como un reloj abandonado
en el cajón de la mesilla,
que al abrirlo,
su tic tac, persistente y ambiguo,
te recuerda el tiempo perdido,
las horas pasadas en esa habitación.
Todas las risas, todas las lágrimas,
se acumulan de golpe en mi garganta.
Siento como si hubieras muerto,
y yo debiera recoger tu correspondencia...
No tuve otra salida
que aceptar tu decisión,
pero ahora mírame y dime:
que no echas de menos
que una carcajada mía
te saque de tu cuadrícula.
Que no te fijas en cómo mis clavículas
parecen luchar por salir de mi cuerpo,
que no te das cuenta
de cómo tus patillas
se van poblando de canas,
que miras mis ojos hundidos
entre ojeras amoratadas,
que los preservativos se acartonan
en al cajón de tu mesilla,
que para no echarme de menos
cruzas una almohada en tu cama,
que ni una imagen mía,
te acecha entre tus sábanas,
que no sabemos qué hacer con las manos
cuando estamos cara a cara...
y que encima nos miramos,
como si no pasara nada.
A veces pienso que quererte
fue pasear entre las vías.
Cualquier movimiento
podía acabar con mi vida
Notaba cómo pasaban los trenes
sin tocarme, y yo permanecía inmovil,
concentrada.
Cualquier gesto
podía delatarme
y hacerme morir.
Y lo hice.
Y morí.
"Dejame una copia
de la llave de tu puerta
porque sé que es muy posible
que mañana me arrepienta.
Hoy me dio por ser honesto,
aunque sé que no me pega"...
No escucho tu voz
susurrándome al oido
ni tus uñas desgarran
ya la curva de mi espalda.
Retrocedes con miedo
ante cada uno de mis pasos
De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras
y le has prendido fuego a nuestra historia.
Tu ropa no perfuma ya la casa.
No queda una palabra de cariño
suspendida en el aire, ni una hebra
de azabache en la almohada. Sólo flores
secas entre las páginas del libro
de nuestro amor, y cálices de angustia,
y un delirio de sombras en la calle.
Luis Alberto de Cuenca
A veces, recuerdo que hubo un tiempo
en el que vivía más allá de estas cuatro paredes.
Que volaba la ciudad y tú me estabas esperando.
Que si no llegaba, te ponías nervioso, a tu manera.
Que muchos días, me despertabas besándome la nuca.
Que podías dormir entre mis brazos.
Qué tal vez adoraras mi pelo sobre tu almohada...
A veces, recuerdo todo esto al despertarme.
Y maldigo la amnesia que te acecha.
Si después de la tormenta
piensas que han caído cuatro gotas,
si no te sirve mi piel sincera,
si no te basta solo con mis besos,
si no te valen
los besos entre versos,
los versos entre polvos,
los polvos entre besos,
las manos enlazadas...
Si lo cafés entre risas
no te gustaban,
si abrazarme entre lágrimas
no fue suficiente
si hubo más vinagre que rosas…
Entonces…
quizá tu cuerpo
esconde sólo hueco
Vacio, silencio, egoísmo, cinismo,
Eco…y más eco.
Siempre alguna mujer me llevó de la nariz
(para no hacer mención de otros apéndices).
Anillado
como un mono doméstico,
salté de cama en cama.
¡Cuánta zalema alegre,
qué equilibrios tan altos y difíciles,
qué acrobacias tan ágiles,
qué risa!
Aunque era un espectáculo hilarante,
hubo quien se dolió de mis piruetas,
lo cual no es nada extraño:
en semejante trance
yo mismo
me rompí el alma en más de una ocasión.
Es una pena que esos golpes
que, entregados al júbilo del vuelo,
entonces casi no sentimos,
algunas tardes ahora,
en el otoño,
cuando amenaza lluvia
y viene el frío,
nos vuelvan a doler tanto en el alma;
renovado dolor que no permite
reconciliar el sueño interrumpido.
En esas condiciones no hay alivio posible:
ni el bálsamo falaz de la nostalgia,
ni el más firme consuelo del olvido.
Ángel González.
Desando el camino recorrido hace un año.
La carretera traza curvas donde hay rectas
No siento el cuerpo suave, ni leve, ni divertido.
Estiro con los dedos las arrugas creadas.
Las de la risa. Las del dolor.
Las estiro y vuelven donde estaban.
Curo como puedo las yemas de sus dedos marcadas a fuego en mi piel.
Cicatrices en mi memoria.
No expando rayos. Repliego velas.
Descuento días.
Dos persona se encuentran en un bar, una de ellas, yo.
-Hombre, que tal? Cuanto tiempo...
- Hostia, no te había conocido. Como siempre te he visto en bikini...
Y apostilla la hermana: "Este se piensa que estamos en el plató de telecinco y eres una MAMA-CHICHO..."
Si cierro los ojos, sigues cantando desnudo y
abrazado a mi cuerpo, en una cama que no era nuestra, ni de nadie.
Sólo ese amor, tiene todas las letras
y todos los momentos para continuar.
Diez años después seguimos sin nadie más en el mundo.
Tu música y la piel, la ropa de nuestros cuerpos.
Velas, besos y más besos
cama rodeada por tus manos,
testigo de tu lengua y tu movimiento.
Sólo tus ojos en los míos.
Por amarnos hasta hoy.
Lo que más echo de menos de ese tiempo
es la forma en que me abrazaba cuando el primer rayo de sol
se colaba por las rendijas de la ventana,
justo antes de darme los buenos días a su manera.
Y la forma oblicua en que los rayos caían
por la tarde sobre todas las cosas.
Ese olor en el aire que prometía una primavera eterna.
Las ganas de sonreir, ante cualquier cosa,
aunque él no estuviera delante.
Y el deseo. El de él.
Si ahora le miras, parece que se le ha olvidado,
que nunca lo ha sentido.
En ese tiempo, un pie mío en su casa era suficiente
para desatar la furia
y hacer de cualquier lugar
un lecho improvisado.
Me miras con los ojos secos
a través de una especie de cristal.
La sonrisa del tiempo perdido
en tu cara, como una mueca,
sin más.
La forma en que me haces ver
que has perdido el tiempo conmigo.
La presencia desconocida
que tengo delante ahora mismo.
La maceta que pones en mis manos
para que crezca, mientras yo me pudro.
La forma de cerrar tu puerta
diciendo muy bajo, con un susurro:
“Por fin. Ahora, no vuelvas más”
Mi abuelo y su visita al dentista:
El dentista, insistentemente, le recomendó tres cosas fundamentales para su recuperación tras la intervención: una, que diera un paseo, otra, que no comiera nada hasta el día siguiente, y la otra, que tardara en acostarse para que despertara la anestesia y poder tomarse algún calmante.
Cuando le preguntó mi madre al día siguiente, mi abuelo contestó:
- - “Pero vamos…llegué, cené y me eché ”.
Natalia
1.- Malentendidos varios:
- “¿Dónde está la documentación del toro de fuego?”
- “Quéeee?! ¿Antes tía abuela que madre?”
2.- La gata ha estado en celo, con posturas propias de su estado, bastante incómodas. Situación estresante.
Mi padre agotado ya de oírla y verla, le dice a la gata:
- “Ala chica, tol día con el culo al aire!!
3.- Incoherencias de Navidad: “Es que es como un pollico, yo” (Einnnn???)
4.- “Papá Noel se está afeitando”
5.- Nuevos olores en los bares, con motivo de la Ley Antitabaco:
“ Antes tabaco que sobaco!!”, gran maestra ex fumadora.
6.-Algunos cambios en frases típicas de la noche: “¡Ya está todo el jabalí vendido!”
_____________________
Natalia
Sentimientos y vivencias.
Al otro lado del mundo
Aragon literario
asociacion literaria
El primi y su proyecto
Memorias de una cabra
telarañas en la pluma
ZarAGOTA
El reportero 74
Noticias: Noticias
este extraño tango,
y vuelvo a ser
la flaca figura que camina cabizbaja,
la de los rizos y ojeras,
la de las piernas largas,
la musa de los camareros,
la que cierra los bares,
la que se ríe sin más,
y fuma más que nadie,
la que sortea las flechas
que lanzan en la calle,
la que llega a casa
vencida, vacía,
y espera entre lágrimas
que al menos, la mañana la rescate.
Notas que ando dispersa,
que tal vez no soy la que era,
que no corro ante tus llamadas o exigencias,
que se abren horizontes ante mí...
Pero también debes saber
la pereza que me da este invierno sin ti;
que me miras con ojos cansados,
buscando una explicación,
y una oleada de ternura me recorre;
que en tardes como ésta,
echo de menos el simple gesto con que a veces
me retiras un mechón de pelo de la cara,
o juegas con los dedos de mis pies.
Que estos días sin ti,
son como una habitación sin ventanas.
Que esta tarde,
te echo de menos como hacía tiempo.
Me he dado cuenta de que cuando siento placer encojo los dedos de los pies.
Ya puede ser en la cama, al oir una buena canción en un bar, o al tomar un café entre risas.
Cuando me doy cuenta vuelvo a soltarlos
Ayer se me encogieron un montón de veces.
Una ciudad diferente.
De compañía, un café entre mis manos, códigos extraños que descifrar y mi añorada soledad.
Pienso en tu día a día, pero sin mi.
Imagino sonriendo esa cuadrícula en la que a veces tengo cabida entre lineas.
Paso de puntillas por la necesidad de refugiarme entre tus brazos.
La miro desde lejos y me soprende controlarla.
Algo ha cambiado.
No pienso en volar hacia tus labios.
Pienso en cómo deshacerme de ellos.
Tenía ganas de abrazarla.
No sé. Sentir la leve presión de su pecho sobre el mío.
Notar la forma de sus costillas
Y el hueso de su cadera acoplado por unos momentos al mío.
Después,
me separaría con cualquier excusa
Hablaría de cine o de literatura.
Cualquier tema con tal de disimular mi "alegría".
Que no se diera cuenta de que la necesito.
Observo el incisivo
que asoma en tu sonrisa.
esa sonrisa desigual, despreocupada
que rozaría ahora mismocon mi lengua
y muestras con los demás.
Conmigo no.
Si en algún momento te acercas,
un velo de indiferencia
te acecha los ojos.
Con cada mirada,
intentas tachar
cada una de las palabras
escritas y dichas entre risas
de un tiempo atrás.
Cuando aún éramos "jóvenes e inconscientes"....
Cierro los ojos.
Intento viajar a ese lugar oscuro de mi conciencia
en el que otras veces me sumerjo de forma espontánea y deliciosa.
Casi no lo recuerdo.
Mi oscuridad se viste de notas, folios, letras, números...
Intento moverme entre vueltas sudorosas, maldiciendo
mi extraña sensibilidad,
echando de menos las noches, ya lejanas,
en las que llegaba el sueño como un baño entre aguas turquesas,
hace ya muchos años....
Entro en tu casa, a oscuras.
No sé bien si es un sueño
o una pesadilla.
Me recibe tu olor
esparcido por todas las cosas,
como el humo de un cigarro,
flotando en el aire.
Es como un reloj abandonado
en el cajón de la mesilla,
que al abrirlo,
su tic tac, persistente y ambiguo,
te recuerda el tiempo perdido,
las horas pasadas en esa habitación.
Todas las risas, todas las lágrimas,
se acumulan de golpe en mi garganta.
Siento como si hubieras muerto,
y yo debiera recoger tu correspondencia...
No tuve otra salida
que aceptar tu decisión,
pero ahora mírame y dime:
que no echas de menos
que una carcajada mía
te saque de tu cuadrícula.
Que no te fijas en cómo mis clavículas
parecen luchar por salir de mi cuerpo,
que no te das cuenta
de cómo tus patillas
se van poblando de canas,
que miras mis ojos hundidos
entre ojeras amoratadas,
que los preservativos se acartonan
en al cajón de tu mesilla,
que para no echarme de menos
cruzas una almohada en tu cama,
que ni una imagen mía,
te acecha entre tus sábanas,
que no sabemos qué hacer con las manos
cuando estamos cara a cara...
y que encima nos miramos,
como si no pasara nada.
A veces pienso que quererte
fue pasear entre las vías.
Cualquier movimiento
podía acabar con mi vida
Notaba cómo pasaban los trenes
sin tocarme, y yo permanecía inmovil,
concentrada.
Cualquier gesto
podía delatarme
y hacerme morir.
Y lo hice.
Y morí.
De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras
y le has prendido fuego a nuestra historia.
Tu ropa no perfuma ya la casa.
No queda una palabra de cariño
suspendida en el aire, ni una hebra
de azabache en la almohada. Sólo flores
secas entre las páginas del libro
de nuestro amor, y cálices de angustia,
y un delirio de sombras en la calle.
Luis Alberto de Cuenca
A veces, recuerdo que hubo un tiempo
en el que vivía más allá de estas cuatro paredes.
Que volaba la ciudad y tú me estabas esperando.
Que si no llegaba, te ponías nervioso, a tu manera.
Que muchos días, me despertabas besándome la nuca.
Que podías dormir entre mis brazos.
Qué tal vez adoraras mi pelo sobre tu almohada...
A veces, recuerdo todo esto al despertarme.
Y maldigo la amnesia que te acecha.
Si después de la tormenta
piensas que han caído cuatro gotas,
si no te sirve mi piel sincera,
si no te basta solo con mis besos,
si no te valen
los besos entre versos,
los versos entre polvos,
los polvos entre besos,
las manos enlazadas...
Si lo cafés entre risas
no te gustaban,
si abrazarme entre lágrimas
no fue suficiente
si hubo más vinagre que rosas…
Entonces…
quizá tu cuerpo
esconde sólo hueco
Vacio, silencio, egoísmo, cinismo,
Eco…y más eco.
Siempre alguna mujer me llevó de la nariz
(para no hacer mención de otros apéndices).
Anillado
como un mono doméstico,
salté de cama en cama.
¡Cuánta zalema alegre,
qué equilibrios tan altos y difíciles,
qué acrobacias tan ágiles,
qué risa!
Aunque era un espectáculo hilarante,
hubo quien se dolió de mis piruetas,
lo cual no es nada extraño:
en semejante trance
yo mismo
me rompí el alma en más de una ocasión.
Es una pena que esos golpes
que, entregados al júbilo del vuelo,
entonces casi no sentimos,
algunas tardes ahora,
en el otoño,
cuando amenaza lluvia
y viene el frío,
nos vuelvan a doler tanto en el alma;
renovado dolor que no permite
reconciliar el sueño interrumpido.
En esas condiciones no hay alivio posible:
ni el bálsamo falaz de la nostalgia,
ni el más firme consuelo del olvido.
Ángel González.
Desando el camino recorrido hace un año.
La carretera traza curvas donde hay rectas
No siento el cuerpo suave, ni leve, ni divertido.
Estiro con los dedos las arrugas creadas.
Las de la risa. Las del dolor.
Las estiro y vuelven donde estaban.
Curo como puedo las yemas de sus dedos marcadas a fuego en mi piel.
Cicatrices en mi memoria.
No expando rayos. Repliego velas.
Descuento días.
Dos persona se encuentran en un bar, una de ellas, yo.
-Hombre, que tal? Cuanto tiempo...
- Hostia, no te había conocido. Como siempre te he visto en bikini...
Y apostilla la hermana: "Este se piensa que estamos en el plató de telecinco y eres una MAMA-CHICHO..."
Si cierro los ojos, sigues cantando desnudo y
abrazado a mi cuerpo, en una cama que no era nuestra, ni de nadie.
Sólo ese amor, tiene todas las letras
y todos los momentos para continuar.
Diez años después seguimos sin nadie más en el mundo.
Tu música y la piel, la ropa de nuestros cuerpos.
Velas, besos y más besos
cama rodeada por tus manos,
testigo de tu lengua y tu movimiento.
Sólo tus ojos en los míos.
Por amarnos hasta hoy.
Lo que más echo de menos de ese tiempo
es la forma en que me abrazaba cuando el primer rayo de sol
se colaba por las rendijas de la ventana,
justo antes de darme los buenos días a su manera.
Y la forma oblicua en que los rayos caían
por la tarde sobre todas las cosas.
Ese olor en el aire que prometía una primavera eterna.
Las ganas de sonreir, ante cualquier cosa,
aunque él no estuviera delante.
Y el deseo. El de él.
Si ahora le miras, parece que se le ha olvidado,
que nunca lo ha sentido.
En ese tiempo, un pie mío en su casa era suficiente
para desatar la furia
y hacer de cualquier lugar
un lecho improvisado.
Me miras con los ojos secos
a través de una especie de cristal.
La sonrisa del tiempo perdido
en tu cara, como una mueca,
sin más.
La forma en que me haces ver
que has perdido el tiempo conmigo.
La presencia desconocida
que tengo delante ahora mismo.
La maceta que pones en mis manos
para que crezca, mientras yo me pudro.
La forma de cerrar tu puerta
diciendo muy bajo, con un susurro:
“Por fin. Ahora, no vuelvas más”
Mi abuelo y su visita al dentista:
El dentista, insistentemente, le recomendó tres cosas fundamentales para su recuperación tras la intervención: una, que diera un paseo, otra, que no comiera nada hasta el día siguiente, y la otra, que tardara en acostarse para que despertara la anestesia y poder tomarse algún calmante.
Cuando le preguntó mi madre al día siguiente, mi abuelo contestó:
- - “Pero vamos…llegué, cené y me eché ”.
Natalia
1.- Malentendidos varios:
- “¿Dónde está la documentación del toro de fuego?”
- “Quéeee?! ¿Antes tía abuela que madre?”
2.- La gata ha estado en celo, con posturas propias de su estado, bastante incómodas. Situación estresante.
Mi padre agotado ya de oírla y verla, le dice a la gata:
- “Ala chica, tol día con el culo al aire!!
3.- Incoherencias de Navidad: “Es que es como un pollico, yo” (Einnnn???)
4.- “Papá Noel se está afeitando”
5.- Nuevos olores en los bares, con motivo de la Ley Antitabaco:
“ Antes tabaco que sobaco!!”, gran maestra ex fumadora.
6.-Algunos cambios en frases típicas de la noche: “¡Ya está todo el jabalí vendido!”
_____________________
Natalia
Sentimientos y vivencias.
Al otro lado del mundo
Aragon literario
asociacion literaria
El primi y su proyecto
Memorias de una cabra
telarañas en la pluma
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