Estoy harta
de estos pareados de quinceañera
cuando el lunes voy
casi camino de los 30...
Me voy a dormir
de estos pareados de quinceañera
cuando el lunes voy
casi camino de los 30...
Me voy a dormir
" Otra vez como por encima de las cosas. No por superioridad, sino por hartazgo.
Otra vez con la sensación de estar bajo los efectos del hachís, pero sin haber fumado.
Los ojos rojos. Semiabiertos. Yo, desagradable. Ausente. Harta de proyectos. De historias y tonterías. Me da por pensar en el que tengo al lado. ¿Por qué llevará las rayas del peine todavía marcadas en ese pelo blanco si yo salí de casa hace 10 horas?. Noto sus errores de articulación al hablar. A esa edad, disglosia. No puede ser de otra manera.
Ahora le toca a la de enfrente. No sé porqué, pienso en sus tobillos debajo de esos calcetines raídos que deja entrever. Los imagino con incipientes pelos de punta. De los de cuchilla. Seguro.
No sé qué hago aquí. Quiero irme a casa. Odio estos encuentros, porque estoy tan cansada, que odio a todo el que entra por la puerta. Sistemáticamente.
Creo que la del fondo es amiga de un "ex". Me mira. ¿Por qué me mira tanto?.
Ay, que me deje. "¿También a ti te ha contado esa versión?". Que os den a los dos.
El ponente tiene ese tipo de pelo peinado hacia atrás haciendo ondas. Como una continuación de las arrugas de su frente. Parece buen hombre.
Quiero irme de aquí. Estoy harta de objetivos, competencias, y desayunos saludables.
Quiero hacer lo que me dé la gana"
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Para que yo me llame Ángel González, |
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| para que mi ser pese sobre el suelo, |
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| fue necesario un ancho espacio |
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| y un largo tiempo: |
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| hombres de todo mar y toda tierra, |
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| fértiles vientres de mujer, y cuerpos |
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| y más cuerpos, fundiéndose incesantes |
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| en otro cuerpo nuevo. |
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| Solsticios y equinoccios alumbraron |
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| con su cambiante luz, su vario cielo, |
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| el viaje milenario de mi carne |
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| trepando por los siglos y los huesos. |
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| De su pasaje lento y doloroso |
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| de su huida hasta el fin, sobreviviendo |
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| naufragios, aferrándose |
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| al último suspiro de los muertos, |
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| yo no soy más que el resultado, el fruto, |
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| lo que queda, podrido, entre los restos; |
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| esto que veis aquí, |
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| tan sólo esto: |
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| un escombro tenaz, que se resiste |
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| a su ruina, que lucha contra el viento, |
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| que avanza por caminos que no llevan |
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| a ningún sitio. El éxito |
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| de todos los fracasos. La enloquecida |
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| fuerza del desaliento... |
...Tal vez no los míos, pero sí los de otra gente con más talento (aunque sólo sea literario...jaja)...
¡Qué vuelva "telarañas", que vuelva telarañas"!
Paseo cabizbaja
arrastrando las botas
y mis catorce costillas,
cuatro flotantes
ya incluidas.
Unos rizos sueltos que me dulcifican,
una mirada que a veces me agria,
una risa que me hace divertida
una ausencia que me caracteriza.
Llego y me besas.
Y yo ya no se
si te quiero si me besas
o cuando no lo haces.
Porque sé que no cambia
mi dulce tristeza,
mi amarga locura,
mi figura extraña,
flaca y sombría
Cambiando el decorado,
repitiendo rutinas,
sabiendo que me hastío
de coleccionar derrotas,
consciente de que río cuando no debo
y cuando procede,
“me encierro por derribo”.
Cuando por tercera vez en el plazo de un mes, dos en la misma noche (y no hablo de sexo) un coche choca contra el de una, sin, por una vez, bueno, por tres veces, tener nada que ver, es cuando empiezas a plantearte una serie de cuestiones.
La primera es: reir o llorar? Todavía estoy contenida de las dos.
La segunda es: comprenderá la más limitada de mi seguro esta nueva tesitura a la que enfrentarse cuando aún no le he hecho entender que sí, es posible que te den dos golpes en la misma noche cuando hay nieve en la calzada, y sí, han vuelto a darme? Esa ya es más difícil.
Por último, de momento: ¿Puede decirme alguien qué coño pinto yo en esta ciudad en la que cada día que pongo un pie en la calle parece una nueva prueba del destino, que por cierto, ya me está cansando?
Se admiten respuestas. Mejor dicho, se suplican.
Extraña ambigüedad
la de los despojos que ofrecías
como una droga barata,
que no tira, pero arrasa en la garganta.
Curiosa mezcla en una cama:
los quemazos en la lengua
y tu impotencia anunciada.
Tus excusas, tus palabras excesivas,
una puñalada por la espalda
cuando aún había tibieza en las sábanas.
Yo, remendando cicatrices.
Tú, una sonrisa por bandera
y la turbiedad como marca de la casa.
La nieve sobre las tumbas y nuestras cabezas.
Todo es gris y una torre se divisa a lo lejos.
Dentro de mi cuerpo, se despiertan las serpientes
que luchan encendidas por encontrar su sitio en mi interior.
Unas por salir. Otras por recolocarse.
Explotan por mis ojos en forma de lágrimas.
Otras, salen por mi boca en forma de palabras,
dichas con dulzura
como fríos puñales impregnados en miel hacia el centro de tu alma.
Las demás, vuelven a adormecerse.
Un leve cosquilleo en el estómago.
Entonces te beso.
Laura: - "Te acuerdas el año pasado?!...llegaron con un ciegoOOoo!!!!Jaja"
- "¿Y quién era el ciego pues?". (preguntó mi madre...)
N
Esta felicitación va dedicada a ese tipo de personas, entre las que sin duda me incluyo, cuya pasta no permite disfrutar la navidad como quieren que hagamos.
Conozco bien esa ira contenida, sin saber contra qué o contra quien,que no puede ni pronunciarse, y que se torna sonrisa triste cuando se acercan estos días.
Las manos temblorosas antes de la cena, sin saber por qué o por quien. Sillas vacías que prefieres no mirar, ni siquiera imaginar, que apartas de la mesa de una patada y de tu cabeza para no estallar.
Melancolía. Champán. Las lágrimas agolpadas de repente en la garganta.
Las ganas de llorar.
Hagamos lo que podamos.
Felicitar la navidad ahora sería ridículo, asi que...
Un beso grande para todos.
Porque a cada metro me acecha el miedo
A olvidar.
A no olvidar.
A mirar ojos que digan que han vuelto los fantasmas.
A observar gestos que confirmen que se han ido.
A no volver.
A no saber qué hacer.
A volver.
A que me sigas los pasos.
A que no me los sigas.
A que te fijes en la suela gastada de mis zapatos.
A que no lo hagas.
A fin de cuentas.
A lo que queda de ti.
...y al bajar la presión comienza el desequilibrio. Un metro menos. Una hostia más. La cabeza en un sitio. El cuerpo en otro. Y viceversa.
Y lo peor es que todavía no sé porqué.
Conversación en un bar de la localidad, ayer, a primera hora de la mañana:
- Cómo dices que se llama este crío?
- Unai
- Yo siempre lo llamo Hyundai
N
Vuelvo a escuchar lo que acabo de decir, y confirmo que necesito vacaciones:
-" ¿Cuántas veces he de decirte que no puedes sumar personas y panecillos????????"
La cría también precisa vacaciones, eh?
a altas horas de la noche.
Suena una canción....
- ¿Esta es la canción de "La historia Interminable"?
-¿Y para qué quiero el impermeableeeeee?
Mis vacaciones, por ejemplo, han dado para iniciarme en el diseño de las tarjetas de visita de Casa Luisa, qué os parece? ¡Ya sabéis que el eslogan se lo inventó ella!
Preparándonos para el concierto de Sabina al que las "Assas" asistirán el viernes...
Comentábamos con mi madre si tocará o no, si cenaríamos antes o después, las ganas que tenemos del concierto, "no vaya a ser que salga horror el jueves y no venga" (decía mi madre)...
A todo esto, mi padre, que no se enteraba de adónde nos íbamos las cuatro, le dice mi madre:
-Santiago, que nos vamos al concierto las cuatro, el viernes...
-¡A qué concierto!
-Al de Sabina (un poco más acentuado de lo normal)
-Ah, que toca en Ayerbe o qué???!!!
¿¿¿¿¿!!!!!???????
¡¡ÓJALA!!
Es curioso cómo, una noche de insomnio, puede enseñarte de golpe la lección que llevas intentando aprender toda una vida. Me despierto en vueltas sudorosas, el pelo enredado y la frente fría. Tengo que salir corriendo a vomitar porque acabo de ver su mano agarrando salvaje una melena rubia que no es la mía. Vuelvo a la cama y, más tranquila, lo veo, a kilómetros, mirando el culo de las chicas, intentando rozar con su rodilla unas medias nuevas que desgarrar. Algo. Un temblor que le devuelva a la vida. Todo para descubrir que no, que no hay temblor, que no hay vida bajo su pantalón, pero él aún no lo sabe. Volverá a intentarlo. Volverá a acercarse, y tal vez, mirando de reojo un nuevo y juvenil escote, algo se remueva. Nada.
Y yo, en la distancia, bajo la seguridad que me dan unas sábanas hace poco compartidas, me escondo, abocada a conformarme con los restos del banquete. De “El festín de Babette”. “Esto es lo que ha sobrado “. Y yo, miro resignada esa masa amarilla que deja la salsa seca, con aceite pegado. A la vez, yo ofrezco lo mismo, restos de banquetes: “No puedo darte más. Esto es lo que ha sobrado”. Una cadena de sobras que acaba en la basura, entre moscas y ratas hambrientas. No quiero ser una rata, ni estar rodeada de moscas. No quiero picar en una cinta de reciclaje. Creo que la fiesta ha terminado.
Sentimientos y vivencias.
Al otro lado del mundo
Memorias de una cabra
telarañas en la pluma
asociacion literaria
Aragon literario
El primi y su proyecto
ZarAGOTA